LA MUJER COMO MADRE Y EMPRESARIA

Agradezco muchísimo la invitación que me hizo Leda para reunirme hoy con ustedes y poder compartir algunas ideas sobre la mujer. Estoy muy gozosa de estar en este grupo porque conozco la proyección social que ejecutan y su entrega en favor del bien común. Como considero que algunos de ustedes no me conocen, me gustaría hablarles un poquito de mi vida: me llamo Mimí Násthas de Panayotti, trabajo con mi esposo en Industrias Panavisión, casi cumplimos 38 años de vida matrimonial ––tenemos cinco hijos, tres mujeres y dos varones; las mujeres todas casadas y los varones, que son los menores, están solteros. Las tres hijas nos han dado 12 nietos, cuatro por cada una, a quienes disfrutamos y amamos enormemente. Hace diez años estudié Periodismo y desde entonces escribo todos los sábados en La Prensa y en El Buen Amigo. Me siento una mujer realizada y le estoy muy agradecido al Señor por haberme dado tantas bendiciones y regalos. Quiero anticiparles que mi intervención será como una charla, como una conversación con ustedes, sobre mi experiencia como madre y como empresaria. Por favor, siéntanse libres de preguntarme sus in- quietudes y yo trataré de contestarles dentro de mis posibilidades. Cuando yo me casé trabajaba en el Banco Atlántida de La Ceiba y allí permanecí hasta que iba a nacer mi segunda hija, Liz. No quise seguirle cargando al banco mis embarazos. Pero desde entonces he trabajado en las empresas de mi esposo y sus hermanos. En l979 nos trasladamos de La Ceiba a esta ciudad de San Pedro Sula y en esa ocasión yo le dije a Juan (mi esposo) que ya no quería trabajar, que había trabajado toda mi vida desde que salí del colegio y que me dejara descansar. Sin embargo, no permanecí mucho tiempo en la casa. Juan y mi cuñado me pedían que trabajara con ellos, que me necesitaban, y como en realidad yo no me encontraba tan a gusto con el cambio de frente, decidí ayudarles en la fábrica. Debo advertirles que no he tenido un horario muy estricto, he gozado de flexibilidad y libertad para atender mis problemas familiares y re- ligiosos, aunque no siempre con la aprobación de Juan. Esa libertad, que no la tiene una en trabajos que no son propios, o mejor dicho la falta de libertad, no le permite a la mujer poder atender como quisiera las necesidades de la familia. No obstante conozco muchos casos de mujeres que a pesar de tra- bajar fuera de su hogar en empresas ajenas han podido desarrollar su hogar, su esposo y sus hijos con satisfacción. Son modelo y ejemplo para la sociedad. Y conozco también los casos contrarios, en que la falta de la mujer en el hogar ha ocasionado la desintegración familiar. Como les estoy hablando de mi caso en particular, yo considero que me he podido desenvolver como esposa, madre, profesional y em- presaria. Talvez no con el nivel perfecto pero si con resultados bastante positivos en todos esos campos. Les hablaré únicamente de los aspectos de madre y empresaria. Yo siento que la mayor realización de la mujer es ser madre. No hay trabajo ni misión más importante que educar una familia con los prin- cipios y valores morales y religiosos necesarios para fortalecer la so- ciedad. La mujer contribuye al mejoramiento, a la construcción y per- feccionamiento de la creación. Ella es la encargada de custodiar y transmitir la vida, de ofrendar los valores de Dios al hombre, de defender la justicia, de educar a los hijos con virtudes y principios ejemplares. La mujer es la transmisora de las tradiciones, es el equilibrio de lo material y lo espiritual. Sin embargo, las estadísticas enseñan que el número de divorcios crece año con año; que el Sida aumenta considerablemente en la po- blación joven, a pesar de la cantidad de condones que se regala en todo el mundo; que el suicidio es la tercera causa de muerte en los adolescentes; que los abortos son más numerosos y muchos más los homosexuales. La causa de todos estos problemas se debe en gran parte a que la familia no está cumpliendo su misión de educadora y formadora. La influencia de los medios de comunicación (la violencia, el sexo, las drogas, el consumismo) contribuye también al deterioro actual de la base familiar. Hay un movimiento auspiciado y soportado por las Naciones Unidas para favorecer a la mujer como profesional, restándole importancia al hecho de ser madre. El año pasado yo fui a Nueva York a la conferencia preparatoria para Pekín y eso fue la experiencia de mi vida. Me parecía increíble oír a mujeres feministas, algunas lesbianas y a hombres homo- sexuales, manifestando y peleando por el concepto de género, igua- lando al hombre y la mujer (y a otros sexos) con libertad sexual, ma- ternidad sin riesgo, sexo seguro y educación de población. Todo se reducía a controlar el total de población en el mundo por el aborto y clínicas de planificación. Hay una mentalidad a nivel mundial de que la mujer, si tiene una profesión fuera del hogar, es mujer realizada; si se dedica sólo a las tareas del hogar es mujer frustrada. Adolecemos de una concepción simplista y falsa sobre la verdadera realización de la mujer. Ignoramos o no queremos aceptar que la proyección social más importante que posee la mujer es la de madre y educadora de sus hijos. La sociedad del futuro se construye sobre la base de la familia, en donde la mujer realiza una tarea insustituible. Luego, como consecuencia de la sobrevaloración de la profesión extra-doméstica de la mujer, se da un irrespeto hacia la mujer que libremente elige la profesión de ser esposa y madre y dedica lo mejor de su tiempo a la procreación y formación de sus hijos. Se le hace creer a esta mujer que está sujeta a las fuerzas ciegas de la generación y que vive en un estado de servidumbre a la especie. Ignoran, quienes así piensan, que es en su función de madre y educadora como la mujer alcanza uno de sus más altos logros y por el cual merece el más grande respeto. La mujer se ha ido incorporando como fuerza de trabajo en la sociedad industrial. Ha demostrado su capacidad y sus dotes. Pero existe gran incomprensión hacia la mujer casada que desea y necesita hacer compatibles sus dos profesiones: la del hogar y la del trabajo realizado fuera del hogar. Para la mujer puede ser una necesidad vital el ejercer una profesión adicional a la que ya desempeña en el seno de su familia. También existe el caso de la necesidad económica. En ambas situaciones encontramos que la mujer casada se encuentra sola, ago- biada por el peso de dos profesiones, sin poder contar con la ayuda y colaboración que necesita. La mujer necesita hoy más que nunca ser comprendida, ayudada, porque su tarea exige el delicado balance entre dos profesiones, y sólo lo podrá mantener si cuenta con el apoyo del lugar de trabajo y del entorno familiar. Existe también una coacción muy fuerte para que la mujer se adhiera a un programa nacional de planificación familiar. La mujer se ve forzada prácticamente hacia una única alternativa: limitar el número de hijos, para poder realizarse. Dada esta circunstancia, vemos cómo la incor- poración de la mujer en el trabajo no está representando una verdadera realización como persona, como mujer, como madre. La presunta liberación de la mujer del hogar ha terminado en manipulación de la misma. Y si contemplamos la proliferación y difusión masiva de programas de esterilización y distribución de anticonceptivos, podemos concluir que la mujer, hoy en día, no sólo está manipulada sino, algo todavía más triste, mutilada en su ser biológico y espiritual. Actualmente hay que salir en defensa de la mujer. Pero no con los paliativos de liberación de una servidumbre a la especie. La mujer hoy en día no necesita ser liberada sino ayudada. Y ayudarla implica respetar antes que nada su dignidad de persona, su capacidad creadora, engen- dradora. La mujer sufre una crisis de identidad. Y esta crisis la resolverá ella en la medida en que encuentre en su ser más íntimo, femenino, el don de ser madre. Y el mejor bien que podemos hacerle es ayudarle en esa búsqueda, sin manipularla ni mutilarla, y garantizarle, una vez que descubra de nuevo ese don, el que lo pueda perpetuar. Según los debates de Naciones Unidas, la mujer tiene un bajo estatus porque se dedica mayoritariamente a la familia, es decir tener hijos y perder el aporte femenino en el trabajo extra-familiar. A mayor dedicación de la mujer a la familia, habrá más fecundidad, más población y menos desarrollo económico de los pueblos. La mujer, en cuanto ser humano, es idéntica al varón: ambos tienen la misma dignidad como personas y son también iguales los deberes y derechos que tienen por naturaleza. El hombre y la mujer se com- plementan. La mujer representa los valores de la vida. El hombre representa la abstracción, la mecánica. La mujer representa el calor humano, la ternura, la proximidad. La mujer no debe dejar de ser mujer. La mujer es una persona sexuada, como lo es el hombre en su sexo. Como personas, ambos son seres inteligentes y libres, y por tanto iguales en dignidad y capacidades originales. Como seres sexuados son diferentes y complementarios. Tanto el varón como la mujer están llamados a perfeccionar su ser. La perfección se realiza en los actos, siempre que estos actos estén movidos por el amor, amor a Dios y amor a los demás. Los demás son personas, pero también son cosas: un universo entero que estamos destinados a dominar, transformándolo perfectivamente según el orden de su propia naturaleza y al servicio de los hombres. La mujer que trabaja en el hogar y fuera del hogar no está ni frustrada ni realizada, está simplemente reventada por las dobles jornadas. La mujer necesita ayuda y esa ayuda le ha de venir de su fuero interno, le ha de venir de su entorno inmediato familiar, cuando cada miembro haya aprendido la alegría de la participación, para crear un clima aco- gedor en servicio a los demás. Como la mujer está siendo manipulada es necesario que se levanten denuncias y se oiga nuestra voz. No debemos cruzarnos de brazos. Debemos hablar, gritar e informar al mundo lo que está pasando y que al ser mujeres cristianas no podemos permitir esos ultrajes a la vida y dignidad femeninas. Un arma poderosa es la oración, orar, orar y orar... La influencia del cristianismo tiene que sentirse en el mundo y hacer la diferencia. Debemos cambiar al mundo y no dejar que el mundo nos absorba a nosotros. Como empresaria yo me he realizado en el sentido de que me consi- dero necesaria. Además de mi capacidad profesional, como soy la única mujer de la familia que está trabajando en la fábrica, yo trato de limar asperezas, de fomentar el diálogo y el entendimiento, de que haya una clara comunicación entre los miembros de la familia, de que haya relaciones amistosas con los trabajadores y, algo muy importante, de mejorar las condiciones del trabajador, tanto en el aspecto eco- nómico como en la formación personal. Por supuesto que a veces quisiera dedicar más tiempo a mis nietos y a labores sociales, y no puedo, por mi compromiso laboral, pero cada alternativa tiene sus pros y sus contras. Para realizarme como madre y como empresaria hay algo fundamental que me ha ayudado muchísimo y es la parte religiosa. Mi vida cambió en un cursillo de cristiandad en mi encuentro con Jesús. Desde entonces trato de poner a Dios como lo más importante de mi vida. Soy también una mujer de oración, tengo mi reunión de grupo por casi 20 años y eso es un pilar en mi vida cristiana. Actualmente trabajo en talleres de oración y estoy en Casa de Ora- ción. La lectura diaria de la Biblia, las meditaciones y libros religiosos me han ayudado también en el camino. Soy coordinadora de las Cola- boradoras de Madre Teresa. Estas monjas manejan el albergue para los enfermos de Sida. Estoy lejos de la meta que creo toda mujer debe aspirar; llegar a ser esa mujer cristiana que Dios desea para todos sus hijos ––ser santa... Imitar a María. El Padre Ignacio Larrañaga dice en El Silencio de María lo siguiente: “Soy una pobre de Dios. Soy la criatura más pobre de la tierra, por consiguiente soy la criatura más libre del mundo. La voluntad del Señor es mi voluntad y vuestra voluntad es mi voluntad; soy la servidora de todos. ¿En qué puedo serviros? Soy la Señora del mundo porque soy la Servidora del mundo”. ¿Quién fue María? Fue la mujer que dio un sí a su Señor y luego fue fiel a esa decisión hasta las últimas consecuencias y hasta el fin de sus días. Fue la mujer que extendió un cheque en blanco, la que abrió un crédito infinito e incondicional a su Señor Dios y jamás se volvió atrás ni retiró la palabra. ¡Oh, mujer fiel! ¿Cómo debe ser la mujer para irradiar la fragancia de Cristo? En Pedro 3:5-7 dice: “No se preocupen tanto por lucir peinados rebus- cados, collares de oro y vestidos lujosos, todas cosas exteriores. Sino que más bien irradie de lo íntimo del corazón la belleza que no se pierde, es decir un espíritu suave y tranquilo. Eso sí que es muy precioso ante Dios”. Para ser una buena cristiana, una madre ejemplar y al mismo tiempo una empresaria con éxito, hay siete recomendaciones que voy a com- partir con ustedes, tomadas de una publicación sobre este tema: 1) Poner a Dios siempre en primer lugar en la vida y en los negocios. 2) Conocer la Palabra de Dios y aplicarla a la vida y a los negocios. 3) Esperar grandes cosas de un Dios grande. 4) Dar más valor a las personas que a los productos. 5) Dar a Dios lo mejor de las ganancias. 6) Empeñarse en ser honrado e íntegro. 7) Ser diligente en la búsqueda del éxito. Todo eso significa lo siguiente: 1) Poner a Dios en primer lugar ––con todo nuestro ser, corazón, alma y fuerzas. Dios no acepta un segundo lugar. No se puede servir a dos señores. Nada debe venir antes que Dios, ni la familia, ni el dinero, ni los negocios nada, nada. Cuando Dios es primero en su vida y negocios, usted contará con su poder y recursos ilimitados. Imposible encontrar mejor respaldo para nuestros negocios. Nada hay imposible para Dios. El poner a Dios en primer lugar en su empresa es verdaderamente el primer y más im- portante paso para experimentar la vida abundante. 2) Pocos cristianos conocen suficiente de la Biblia como para poder aplicarla a sus negocios día a día. La Biblia es el mejor libro de texto en cuanto a los negocios que jamás se haya escrito. Las leyes de Dios son perfectas; nos protegen, nos hacen sabios y nos dan gozo y luz. Las leyes de Dios son puras, eternas y justas. Son más deseables que el oro. Nos protegen de cualquier daño y hacen triunfar a quienes las obedecen. Sal. 19:7-11 ––abrir los domingos, tomar decisiones––. Para poner en practica la Palabra de Dios hay que conocerla, por eso hay que estudiarla todos los días y aplicarla consistentemente en su vida y en sus negocios. 3) Esperar grandes cosas de un Dios grande. Después de practicar los dos pasos anteriores podemos esperar recibir cosas maravillosas de un Dios maravilloso. ¿Cuáles son sus metas para este año? ¿Para el próximo? ¿De aquí a cinco años? Dios tiene poder y recursos ilimitados. Como dice en Efesios: “Y ahora, gloria sea a Dios, quien por el formidable poder que actúa en nosotros puede bendecirnos infinitamente más allá de nuestras esperanzas y deseos”. Su negocio nunca alcanzará todo su potencial para el éxito sino hasta que usted comience a establecer metas que descansen sobre la ca- pacidad de Dios para lograrlas. Siga adelante y espere grandes cosas de un Dios grande. 4) Dar más valor a las personas que a las cosas. Para tener éxito debemos coincidir nuestras prioridades con las de Dios, quien es nues- tro socio mayoritario. Y para Dios las personas constituyen su primera prioridad. Dios quiere que usted vea en las personas el mismo valor que Él ve. Las personas son muchísimo más valiosas que cualquier producto fabricado en el mercado. Los ángeles en el cielo se regocijan más por una persona que encuentra a Cristo, que por todas las ganan- cias materiales que podamos alcanzar en toda una vida. 5) Dar a Dios lo mejor de las ganancias. En Prov. 3:9-10 dice: “Honra al Señor dándole la primera porción de todos tus ingresos y Él llenará tus graneros de trigo y cebada hasta rebosar y tus barriles de los mejores vinos. Dios le ordena a usted dar a los pobres. Exige de los ricos que no se pongan orgullosos ni confíen en riquezas que siempre son inse- guras. Que más bien confíen en Dios, que nos lo proporciona todo generosamente para que gocemos de ello. Que hagan el bien, que se hagan ricos en buenas obras, que den de buen corazón, que repartan sus bienes. De este modo amontonarán para el porvenir un capital sólido, con el que adquirirán la vida eterna. La mejor inversión es compartir con los pobres y Dios le abonará tesoros a su cuenta celes- tial. 6) Empiece a ser honrado e íntegro. Dios exige honradez en todas las cosas. Dios exige justicia en los negocios todo el tiempo. En todos tus negocios debes usar balanza y medida exacta para que tengas una larga vida y buena en la tierra. La ganancia mal habida no durará, entonces para qué arriesgarse. Se puede ganar más dinero por prácticas un poco torcidas, pero terminarás perdiendo. Para tener éxito asegú- rese de que sus prácticas comerciales sean honestas y justas. 7) Ser diligente en buscar el éxito. El alma del perezoso desea y nada alcanza; mas, el alma de los diligentes será prosperada. Ser diligente significa practicar estas leyes de Dios y los hábitos de trabajo. La mano negligente empobrece; mas, la mano de los diligentes enriquece. Ponga en práctica estas siete leyes para sus negocios. Conviértalas en parte de su vida personal y como empresario. Observe después cómo Dios comienza a lograr cosas con usted y sus negocios, que usted jamás soñó que fueran posibles. Mayo 1996.

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