EN TIEMPOS DE CRISIS

No podemos negar que los últimos sucesos violentos ocurridos en el mundo, como la masacre de 33 estudiantes en la Universidad de Virginia (Virginia Tech), las continuas explosiones y atentados en Iraq y Afganistán y las muertes recientes, los asaltos a buses, los robos a diario en nuestro país, hacen sentirnos impotentes, tristes y desalentados, hasta sin fe. Es como si la justicia no existiera, es como si los humanos hubiéramos perdido el corazón, el amor, el interés hacia nuestros semejantes, es como si Dios se hubiera olvidado de sus amados hijos. Podríamos preguntarnos cómo se hubieran evitado estos desastres, quiénes son realmente responsables, qué deberíamos hacer en este momento para cambiar ese estado alarmante de falta de valor hacia la vida. Nos estamos acostumbrando a vivir con la violencia en un grado superlativo como parte aceptable de nuestra existencia. ¡Basta ya! ¡No podemos seguir así! Tenemos que hacer algo eficaz inmediatamente y digo tenemos porque debemos incluirnos todos. ¿Cómo podemos vivir con nuestra conciencia tan adormecida o anestesiada? ¿Cómo podemos ser indiferentes, encubridores, indoloros ante la magnitud de tales tragedias? Debemos denunciar y exigir que las autoridades eviten el uso de fusiles indiscriminadamente. Los gobiernos en conjunto han de prohibir la venta de armas de fuego. Aquí en Honduras debe desarmarse a la población entera, como hizo Nicaragua, y el gobierno no debe suministrar ninguna arma mortal. Si no hay armas, no hay muertos, tan sencillo como eso. Las fuerzas armadas y el poder judicial deben sanearse y renovarse para cumplir su misión de proteger a la ciudadanía y, si fuera posible, sin pistolas como en Inglaterra. No esperemos todo del gobierno, todos tenemos el deber moral de mejorar nuestras vidas, por eso las familias, las religiones, las escuelas deben inculcar y enfatizar el derecho a vivir en paz, a encontrar la felicidad en el servicio y el amor a Dios y a los demás. Los medios de comunicación deberán estar enfocados a la información objetiva, convivencia, solidaridad y tolerancia. Ya se ha comprobado que los programas violentos influyen en la conducta de las personas. Debemos seguir el mandamiento más grande, amar a Dios y al prójimo aunque se nos vaya la vida. Esto es verdadero amor. No podemos inclinarnos al odio, más bien debemos llenar de amor al mundo para que cambie, para que vuelva al estado feliz del paraíso, para apreciar momentos de júbilo... el amanecer y el atardecer, el vuelo de los pájaros, las plantas que florecen, ver a los niños jugar y sonreír, trabajar para prosperar, vivir en paz... Abril, 2007.

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