CÓMO MEJORAR NUESTRO MATRIMONIO

¿Qué le falta a su matrimonio? ¿Se está alejando de su pareja? ¿Qué pasó con la emoción, la pasión y el deseo de los primeros años? ¿Desapareció ya la dulce intimidad? ¿Qué hacer para cambiar esa situación y encontrar la felicidad conyugal que ambos soñaron al casarse? Lo que necesita toda relación de pareja es una excelente intimidad, no solamente como relación sexual sino la que equivale a compartir con ternura y calidad humana, lo cual es mucho más satisfactorio y profundo. Compartir es la clave de oro, el elemento esencial en la vida matrimonial, porque es entregarse mutuamente y, justo ahí, comienza la intimidad. Al darnos estamos transmitiendo parte de nosotros mismos a nuestro cónyuge, sin esperar nada a cambio. Esto es el verdadero amor, pues se nutre de la felicidad que la persona brinda a su otra mitad. Compartir, darse y amar son los pasos para llevar la vida mari- tal en los buenos y malos tiempos, para unirse en incontables momentos de gozo y crecimiento compartido, para latir en un sólo corazón, para ser los dos una sola carne y un solo espíritu. Sin duda alguna la intimidad basada en el compartir implica sacrificio porque se debe pensar en términos de “nosotros” y no de “tú” o de “yo”, es, ya se ve, olvidar el egoísmo y ver qué le conviene más a mi pareja. Y es, también, enterrar los sentimientos mezquinos en aras del buen matrimonio. En fin, compartir es nunca pensar en el divorcio. En nuestros días, muchas parejas parecen no darse cuenta del verdadero propósito del matrimonio, no saben para dónde van ni qué se espera de ellas. Buena cantidad de esposos, por lo general (aunque la mujer puede también tener su porcentaje de infidelidad), no pierden la oportunidad de serle infiel a su mujer, exigen el salario completo de la esposa para ayudar con los gastos del hogar, no cooperan o cooperan muy poco en los quehaceres domésticos, no intervienen en la educación de los hijos ni permiten que la esposa se inmiscuya a la hora de tomar decisiones importantes. La mujer, a su vez, atrapada entre el hogar y el trabajo, no puede muchas veces cumplir a cabalidad ambos roles, pero como es independiente, ella no teme quedarse sola cuando se le reclama algo y es así como empiezan a caminar hacia el divorcio y la desintegración familiar. Todos debemos comprometernos a mejorar nuestros matrimonios. Que satisfacer las necesidades del cónyuge se convierta en una necesidad para cada persona. Vivamos dispuestos a darnos a nuestra pareja, acostumbrémonos a amar altruistamente. Que la felicidad del otro sea nuestro único objetivo. Si actuamos así, seguramente nos lo agradecerá nuestra familia y la sociedad entera. Pero lo más importante es que nosotros mismos nos sentiremos realizados y verdaderamente felices... Y desaparecerá la crisis en nuestro matrimonio. Abril 2005.

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