TRANSPARENCIA Y CRISTIANISMO

Carlos G. Vallés es un sacerdote jesuita y escritor nacido en España pero que vive en India desde 1949, en donde regentó la cátedra de Ciencias Exactas en la Universidad de San Javier, Ahmadabad, hasta su jubilación en 1985. Su larga permanencia en India le ha permitido convivir con los pobres de Ahmadabad y esto le ha proporcionado un conocimiento y experiencia valiosos para entender la vida de hindúes, mahometanos, jainistas, budistas y animistas que llegan a esa ciudad cosmopolita. Con tal experiencia ha enriquecido enormemente su cultura y pensamiento y le ha inspirado para escribir muchos libros en inglés y en castellano. En 1979 le concedieron la medalla de oro Ranjitrani, el mayor galardón literario de la lengua guyariti. Después de su jubilación continúa residiendo en India, desde donde sale para dar conferencias y cursos en diversos países, entre los que tiene predilección por los de América Latina. Según Vallés “nuestra sociedad se está descristianizando a una velocidad alarmante. Entre un siglo que acaba y un siglo que comienza, en un momento de desarrollo enorme de la humanidad para bien y para mal, cuando tenemos más medios que nunca y también más peligros, en un siglo de violencia, de sangre en nuestras manos, en un siglo de consumismo, en un siglo de egoísmo, en un siglo de aumento de la mecanización del ser humano, ¿cómo podemos rescatar?, y no sólo rescatar, que sería una meta muy pobre, sino revalorizar y hacer caer en la cuenta de que, precisamente ahora, es más importante que nunca el Evangelio.

En India tenemos una creencia y un proverbio muy bello que dice: ‘Dios nos da siempre la gracia de cumplir los deseos auténticos de nuestro corazón’. Cuando hay un deseo autentico en su corazón, Dios le dará la gracia de cumplirlo. Mi primera obligación como cristiano es precisamente tener, desarrollar mi vida, llenarme de esa fe, de ese Evangelio, de esos contactos en la oración, en el sacramento, vivir yo mismo en la humilde, sencilla, limitada plenitud y abundancia, para poder comunicar, si no tengo no voy a poder dar. La gran virtud india, su virtud nacional es el desprendimiento, no necesitar cosas. Una maravilla como principio llevado a la vida, el desprendimiento, usar lo que haya que usar pero sin que ello me use a mí. Un muchacho universitario me dijo: ‘Si me puedo pasar sin ello lo dejo’, entonces se me abrió un mundo distinto, todo lo contrario a nosotros: si puedo comprarlo lo compro y si no lo compro a plazos. Tener, poseer, agarrar. Pablo da como definición de cristiano en su tiempo, hoy y siempre, no sólo para mí, dice él, sino para todos aquellos que desean su venida. El cristiano es aquel que desea la venida de Jesucristo. ¡Qué definición más bella! Desear la venida, venida diaria, constante, aumentada, incrementada en nuestra vida, desear esa venida, esa cercanía, esa presencia de Jesús es lo que define al cristiano. Ser cristiano hoy es reaccionar contra el desánimo, el desaliento y devolver la esperanza, renacer a la posibilidad de que existe el Evangelio, de que el Espíritu está con nosotros, de que Jesús sigue trabajando, de que los problemas continuarán pero dentro de esos problemas seguiremos presentes con la luz del Evangelio y la fuerza del Espíritu. Bienaventurados aquellos que no se desaniman en mi causa. Esto es el Evangelio, esto es ser cristiano: sentir en mí la alegría de Cristo viviente, de tener a Jesús por hermano, al Espíritu dentro de mí y al Padre que gobierna todo en mi vida. Esto me sale de alguna manera en la oficina, en la familia, en casa, en cualquier momento. Esto es lo que comunica y lo que estamos llamados a hacer, comunicar la verdad que llevamos dentro.

Aquella bella oración de un alma santa: ‘Señor, que mi vida sea transparente para que se vea la luz que llevamos dentro, esta luz bendita del Evangelio que Dios ha puesto en nuestros corazones, que sea transparente para que todos la vean, esa es nuestra vida y nuestra vocación’”. Agosto 2001.

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