LOS PADRES Y LOS HIJOS

Las parejas se casan, tienen hijos, tratan de educarlos lo mejor

que pueden pero cometen un error común y es que se hacen

muchas ilusiones con respecto al futuro de ellos, planeando su vida, su

educación, la decisión sobre su pareja, etc. La realidad de las cosas

es que los hijos son prestados. Viven con sus padres por un tiempo y

luego se van.

Llega un período en el que los padres quedamos huérfanos de nuestros

hijos porque ellos crecen independientemente de nosotros, como ár-

boles quejosos y pájaros imprudentes. Los hijos crecen muy rápi-

damente, sin pedirle permiso a la vida, con una estridencia alegre y a

veces con marcada arrogancia

Pero no crecen todos los días, crecen de repente. Un día se sientan

cerca de nosotros y con increíble naturalidad nos dicen cualquier cosa

que nos indica que esa criatura, hasta ayer en pañales y pasitos tem-

blorosos e inseguros... ya creció. ¿Cómo y cuándo creció que no lo

percibimos?

¿Dónde quedaron las fiestas y cumpleaños infantiles, los juegos en la

arena, las preguntas inquisitivas, los cuentos antes de dormir, las

promesas de amor eterno?

Ahora usted como padre está ahí, en la puerta de la discoteca, de los

cines, de las excursiones a otros lugares, de las fiestas bailables,

esperando ansioso no sólo que crezca sino que aparezca... Y nuestros

hijos están entre hamburguesas y gaseosas, en las esquinas, con el

uniforme de la escuela o colegio y sus mochilas en la espalda. Y nosotros

mientras tanto ya tenemos el pelo canoso.

Al principio nos acompañaban al campo, a la playa, a reuniones fa-

miliares y sociales, en Navidad y Semana Santa. Se peleaban por la

ventana de los carros, por la música de moda. Después llegó el tiempo

en que viajar con los padres se transformó en esfuerzo y sufrimiento:

no podían dejar a sus amigos y a sus primeros amores.

Durante el tiempo de crecimiento ellos han aprendido con nuestros

errores y nuestros éxitos. Ojalá que no repitan nuestros errores.

Paralelamente, nuestros hijos en el mundo de hoy deben lidiar con

peligros que desconocen muchas de nuestras generaciones: maras,

acosos sexuales, drogas, terroristas, violencia exagerada, corrupción

alabada, consumismo sin control y bombardeo negativo de los medios

de comunicación,

Para seguridad de nuestros hijos es necesario que crezcan en un

ambiente estable en su hogar, que exista una buena relación entre los

padres que permita expresar confianza y amor a nuestros hijos y

mantener la paz unos con otros dentro del ambiente familiar.

Y nos llegó el momento en que nos quedamos solos, en silencio y

esperamos que ellos elijan bien en la búsqueda de la felicidad y

conquisten el mundo del modo menos complejo posible.

Febrero 2008.

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