LA MESA Y LA FAMILIA

En muchas familias el ritual de las comidas juega un papel Eimportante. Los acontecimientos destacados en el seno fami- liar se celebran alrededor de la comida y de la bebida: bautizos, cumpleaños, matrimonios, graduaciones, nacimientos, fiestas religiosas y cualquier otro suceso es buena excusa para convidar a familiares y amigos. Y en algunas familias la intimidad de la mesa es aún más relevante. No se aceptan excusas por la no asistencia ni tampoco se permite no comer en demasía. En el caso de mi familia en particular, todo gira alrededor de la mesa. La bebida no es tan importante pero la comida sí es insustituible. Incluso hay reuniones para cocinar juntos y cambiar recetas. Esta costumbre ha venido desde la generación anterior a la mía y mi familia la sigue y también mis hijos. No puedo negar que todos disfrutamos enormemente estos convivios. A medida que crecemos olvidamos muchas cosas, pero todos re- cordamos con alegría o con tristeza las comidas de Navidad, año nuevo y los cumpleaños con nuestra familia. Nos recuerdan la paz o los pro- blemas que existían. La mesa revela las tensiones que hay entre los miembros de la familia. Cuando el esposo y la esposa no se hablan, cuando los niños no comen, cuando los hermanos se pelean, cuando se producen silencios interminables, la mesa se convierte en un infierno y en el lugar donde menos querríamos estar. No hay duda alguna que todos necesitamos comer y beber para poder sobrevivir, para tener buena salud, para desarrollar nuestro trabajo y nuestra misión, para criar nuestras familias, para mejorar la sociedad. Por eso hay que prestarle atención especial a la mesa. Es allí donde nos damos los unos a los otros. Queremos que coman y disfruten nuestra comida y nuestra bebida. Las comidas pueden convertirse en un buen tiempo para crecer en la comunión con los parientes que viven con nosotros. Lo mismo con los amigos. En la mesa queremos llegar a ser comida y bebida para los demás. Deseamos la comunión. Según Henri Nouwen, comer con otros es uno de los acontecimientos humanos más íntimos y sagrados. En la mesa somos vulnerables, lle- nando los platos los unos de los otros. Alrededor de la mesa nos con- vertimos en familia, nos hacemos amigos, comunidad, sí, un cuerpo. Entonces, hay que preparar la mesa. Flores, velas, servilletas colo- ridas, todo eso ayuda a decirles a los demás: “Este es un momento muy especial para nosotros, disfrutémoslo”. Así que, convirtamos nuestra mesa en un lugar de hospitalidad, que nos invite a la bondad, a la gentileza, al gozo y a la paz y a crear recuerdos hermosos... Febrero, 2006.

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