LA MARAVILLOSA MIEL

Desde que era pequeña siempre me llamaba la atención observar los panales en donde las abejas realizan ese proceso excelente para producir la miel y su almacenamiento. Me admiraba contemplar la belleza, su perfección en forma y tamaño de cada celda hexagonal, la transparencia de las paredes, la ventilación del laberinto, la repartición de faenas. Todo debe ser exacto, medido, acabado. Y el resultado final, la miel, es un producto maravilloso, medicinal y nutritivo que no ha sido suficientemente reconocido ni aprovechado. La miel ayuda al mantenimiento de los huesos y a la regeneración de la sangre; tiene propiedades para recuperar el equilibrio y combatir la fatiga y depresiones físicas y psíquicas; se utiliza para fines antisépticos, en afecciones respiratorias e insuficiencias digestivas. La miel es el azúcar más fácil de digerir. Las abejas recolectan el néctar, libándolo de las flores, y lo transportan a la colmena en el buche, donde unas enzimas desdoblan los azúcares haciéndolos fácilmente asimilables por el organismo al facilitar su proceso de digestión. Coma miel y vivirá mucho y bien, decía un refrán antiguo. La introducción de las abejas en los cultivos mejora la cantidad y calidad de la producción en general. Ciertas variedades de frutas sólo se consiguen mediante la polinización cruzada y las abejas constituyen más del 90% de los insectos visitadores de las flores de los frutales. Hay algo sorprendente que pasa desapercibido en estas criaturas admirables y es que la abeja no toma polen de una flor caída. Aunque la flor esté recién caída, llena de polen y sea más fácil tomarla desde el suelo, la abeja no se acerca. El néctar ha de venir de una flor viva. La colmena mantiene niveles de excelencia. Sólo lo mejor se usa para su miel, para su reina en el reino de la perfección. Este grado superior de excelencia debería motivarnos para hacer las cosas en la vida con el más alto nivel de perfección.

Hay que cuidar los detalles, dedicarse a fondo, no conformarse con un producto inferior o mediocre. Es cierto que todos tenemos limita- ciones y diferentes habilidades, pero hay que aceptarlas y lograr la máxima plenitud con seguridad firme y conciencia renovada. No es- catimemos nuestro esfuerzo, no vayamos a la flor caída, aspiremos a las flores con vida, con fuerza. La miel no se produce sino de la flor viva en el árbol. En fin, cada vez que veamos una abeja tratemos de imitarla como la reina de la perfección, como trabajadora incansable, como orgullo de la colmena, como logrando la excelencia. No importa si no nos ven y si no nos aprecian... Nosotros sí sabremos cómo obtener la miel... Junio 2005.

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