HACINAMIENTO CARCELARIO

En Honduras existen 26 centros penales con capacidad para 5500 presos. En la actualidad son l3 000 los reclusos repartidos por el país. Ángel Garachana y Rómulo Emiliani, Obispo titular y Obispo auxiliar de la Diócesis de San Pedro Sula, han reclamado a las autori- dades, en un documento, una mayor preocupación de las autoridades gubernamentales a los graves problemas de violencia que afectan a los hondureños. Los organismos internacionales han denunciado la represión de los mareros en las cárceles y la incapacidad de los sistemas penitenciarios para responder a los arrestos masivos. También la Iglesia Católica. Los pandilleros trasladan sus métodos de lucha a las cárceles, donde en recintos de máxima seguridad, separados del resto de los reos, continúan viviendo en un clima de violencia y drogas. La caza de jóvenes que se lleva a cabo en los penales ha puesto al descubierto las precarias infraestructuras carcelarias. En el último motín hondureño, el pasado 17 de Mayo, murieron 105 presos. En Abril de 2003, en la cárcel El Porvenir, fueron 68 personas las fallecidas. De ellas, 55 eran pandilleros. La masacre fue presentada ante la opinión pública como una reyerta entre la mara Salvatrucha y la mara 18, una más en su eterno enfrentamiento. Meses más tarde se demostró el asesinato de muchos de estos chicos a manos de la policía de la prisión. “Que se sepa la verdad, se respete la vida que siempre es sagrada, se practique la justicia desde un poder judicial indepen- diente, se logre la renovación del sistema penitenciario y la reconci- liación entre los hondureños”, piden Garachana y Emiliani. Este es un reportaje de Jacobo García, desde México, y agrega que Emiliani trabaja desde hace años en la rehabilitación de los jóvenes que integran las maras. Sostiene que le conmueve la situación de estos muchachos marginados de la sociedad, que cayeron en la delincuencia por su situación de pobreza extrema, falta de educación y de empleo.

Asentamientos humanos es el nombre que se les da a los inmensos arrabales que rodean San Pedro Sula. Son conjuntos de casas de lámina, barro y basura, mucha basura. Los asentamientos son tan te- rritorio de las maras que estas delimitan sus radios de acción con grandes pintadas en las paredes de las viviendas. La mara Salvatrucha, la más temida, ha declarado la guerra a la M18. Cuando llega la noche las calles se quedan sin gente y las familias se encierran en sus casas queditas, sin hacer ruido, orando para protegerse de la balacera. Al amanecer, el resultado de la contienda aparece en forma de ado- lescentes yaciendo en el suelo. Octubre 2004.

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