HABLEMOS DE LA PAZ

¿Dónde está la paz? ¿Quién no quiere vivir en paz? La humanidad está en búsqueda febril e incesante de la paz. A lo largo de la historia del hombre ha habido innumerables instancias, tratados, pactos de paz, pero el mundo sigue sin paz. ¿Por qué no hay paz? Con la caída del muro de Berlín todos creían que la paz llegaría a reinar en el mundo, pero... brotó mayor confusión; emanaron los odios y rencores subyacentes de años y... la guerra fría se convirtió en guerra de razas, naciones y pueblos buscando su paz. ¿Por qué no hay paz? El P. José Antonio Esquivel dice: “Déjame en paz”, clama la esposa, el esposo, los hijos, este, aquel, cada cual buscando su paz... defen- diendo agresivamente, en guerra. “Los pueblos del Sur, del Norte, del Medio Oriente gritan, gimen, lloran por la paz; las mujeres, los niños, los no nacidos, los pobres, los oprimidos claman por la paz. ¿Por qué no hay paz? No hay paz porque buscamos cada uno nuestra paz, y la búsqueda egoísta de la paz provoca la opresión de los otros. No hay paz porque hasta que la humanidad, el hombre, todo hombre, no respete los derechos de los otros, de todos los otros, se seguirá viviendo en guerra. No hay paz porque mientras se siga tratando deshumanizadamente y prejuiciadamente a la mujer, al anciano, al niño, al de una raza o de una nación, las operaciones seguirán siendo legión; y donde haya o exista opresión no puede haber paz. La paz brota donde hay justicia, respeto, dignidad. La paz sólo se logra desde la justicia. La paz es Jesús y sólo cuando el corazón de cada cual decida aceptar a Dios como Señor de su vida, la humanidad tendrá paz. La humanidad gime por la paz, pero... se mantiene en guerra. Las familias gimen por la paz, pero viven ahogadas en sus egoísmos.

¿Los pueblos quieren paz? Querer, querer es no querer. ¿Quiere usted la paz?: comience viviendo la justicia. La paz ha llegado con Jesús. Si usted lo recibe, lo acepta y lo vive, vivirá en paz. Si no, angustiado, gritará por su paz y será uno más que, como muchos otros, espera desesperadamente en la oscuridad de la noche, del egoísmo, que amanezca, sin darse cuenta de que la ceguera de la opresión, de la que usted es partícipe, lo inhibe y lo margina del deseo profundo que todo ser humano tiene de vivir en paz. La paz tiene un sólo nombre: JESÚS...” Enero 2004.

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