GRACIAS POR MI PAÍS

En este mes de Septiembre yo quiero dar gracias por las muchas cosas buenas que veo a mi alrededor: doy gracias por mi país, por Honduras, por ser la cuna donde nací y donde nacieron mis hijos y mis nietos. Gracias, querida patria, por las libertades de que gozamos (locomoción, culto, expresión, educación, trabajo, comunicación, etc.); por los diferentes climas que disfrutamos; por las ruinas de Copán con su heroica historia; por las Islas de la Bahía con sus hermosísimas playas; por los lagos y lagunas que debemos rescatar pronto. Gracias por los pasos enormes que hemos dado en el mundo de la ciencia, la medicina y la tecnología. Gracias por esas personas espe- ciales que con valor y dedicación al trabajo y a la ciencia han contribuido al bien de la humanidad. Gracias por nuestros hijos, nietos y demás familiares, por la vida de cada uno, por el trabajo y aporte a la sociedad de algunos de ellos. Gracias por los médicos, abogados, maestros, ingenieros, obreros, músicos, líderes políticos, motoristas, aviadores, carpinteros buenos y malos, por lo que hayan hecho grato a los ojos del Creador. Doy gracias por el creciente avivamiento de las personas en las dife- rentes iglesias, por los que luchan por rescatar los valores morales y religiosos, por los jóvenes que crecen fuera de las drogas y de la vio- lencia, por las muchachas que prefieren estudiar a tener novio muy pronto, por los hijos que se ocupan de sus padres mayores, por los cristianos que practican el verdadero amor al prójimo ayudando al más necesitado de una manera práctica y efectiva. Muchas gracias por los sacerdotes, pastores, catequistas, profesores, que se ocupan de alimentar el alma y ayudan con su ejemplo a la formación positiva de adultos, niños y adolescentes. Gracias especiales a los padres, por contribuir a edificar el núcleo familiar con objetivos, sueños y actos de justicia, evitando hijos agresivos, haraganes, dro- gadictos, y parásitos de la sociedad.

Al mismo tiempo que doy gracias, pido por las cosas que deben cambiar. Pido que Honduras se sane de sus malos hijos, que los hon- dureños se limpien de sus actos mezquinos, corruptos e indiferentes, que los cristianos se unan en un solo abrazo fraterno, que se levanten líderes deseosos de trabajar y lograr un cambio, que los profesionales y los obreros trabajen conjunta e incansablemente para hacer esta nación grande; pido que se terminen las huelgas y las tomas de carretera, deseo que se construyan suficientes escuelas y hospitales con el per- sonal consciente de su deber, en fin, desearía un mundo feliz sin guerras, sin enfermedades, sin dolor... ¿Es esto pedir demasiado? Septiembre 2005.

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