FRUTOS DE SILENCIO Y SOLEDAD

Actualizado: 15 feb

El fin de semana pasado tuvimos un retiro para los Guías de ETalleres de Oración y Vida de San Pedro Sula y de Puerto Cortés, basado en la fraternidad. Este tema no parecía ni muy interesante ni atractivo porque los cristianos creemos que ya tenemos ganado el premio espiritual y que manejamos muy bien el asunto de cómo relacionarnos con los demás miembros de la familia, con nuestros compañeros de trabajo, con los que nos juntamos ocasionalmente y con todo aquel con quien nos relacionamos alguna vez. Yo misma me sentía segura de estar muy bien practicando la her- mandad y viviendo una linda fraternidad con todo mundo. Debo añadir que el retiro fue servido por la señora Trinidad Zelaya, quien debutaba como Animadora de los Talleres de San Pedro Sula y Puerto Cortés. Trini, como le decimos cariñosamente, hizo muy buen papel. Manejó el tema con facilidad y profundidad, mantuvo muy buen tono de voz, con reflexiones personales, muy humana, muy paciente y humilde y sobre todo el material fue exquisito, combinado con cantos, meditaciones, lecturas bíblicas y silencio obligatorio durante todo el retiro. Y es aquí donde va mi meditación: en la primera noche al quedarnos en silencio y en soledad yo experimenté lo que ya otras veces he vivido: en mi soledad y en silencio alimento mi yo interior, que se enriquece de mi ser, de mi esencia. En la soledad hay ratos de intimidad, de presencia divina, de alegría inmensa, de gozo infinito, de vivencias únicas, incomparables, que me aíslan completamente del mundo, del tiempo y de las necesidades físicas. Muchas veces nos sentimos solos en compañía de un grupo grande o de pocas personas y otras veces nos sentimos llenos cuando estamos solos. En el mundo actual es muy difícil experimentar ese silencio y esa soledad por los muchos ruidos exteriores y por la mentalidad bulliciosa que rodea nuestros ambientes. Y lo que es peor, es que se da por hecho que la soledad es un significado de tristeza, desamor o desequi- libro. Más bien, estar solo y sentirse solo es uno de los grandes valores que posee el alma humana y uno de los mayores privilegios para encontrar respuestas a nuestras constantes preguntas. Si la soledad, dice M. Ortega, permite poner de manifiesto la nece- sidad de afecto, tanto de que me lo den como de darlo, no será en- tonces soledad angustiosa, sino sabrosa y benéfica para cada uno. La soledad, en todo caso, es deseada o necesaria. Nadie ni nada pueden ocupar el hueco de mi soledad. Es propiedad privada de mi mente: me pertenece y me reconforta. Más aún: descubro mi madurez a través de ella, porque no dependo del criterio de otra persona. Sin silencio y sin soledad no pudimos haber tenido todos los frutos que recibimos en el retiro. Para terminar, recito este corto poema de Primitivo Oliva acerca de la soledad: ¡Qué amable es la soledad cuando el silencio es sonoro y ello te invita a soñar que estáis en sus brazos, solos, tu amor, tú y la eternidad! Septiembre, 2011.

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