¿ES FÁCIL EL DIVORCIO?

ltimamente hemos sido testigos de un gran número de separaciones; pareciera que una fiebre de divorcios está atacando a nuestra sociedad. Se están divorciando parejas de todas las edades, jóvenes, maduras y hasta viejas, incluyendo personas amigas y queridas. Y aunque hay quien afirme que el divorcio es fácil, en realidad, emo- cionalmente no lo es. El divorcio es un asunto triste; es un proceso doloroso que implica fracaso, rechazo, abandono, desconcierto, culpabilidad, rompimiento, remordimiento y el final de una relación que prometía ser feliz, satisfactoria, de entrega mutua. Además, las consecuencias funestas o negativas del divorcio nunca podrán preverse o medirse en toda su magnitud, especialmente cuando hay niños nacidos de la relación matrimonial. ¿Qué factores han contribuido más a incrementar el número de divorcios? ¿Por qué esta tendencia a recurrir al divorcio como medida de emancipación se ha hecho tan frecuente? ¿Por qué tantos matri- monios terminan en divorcio? ¿Por qué parejas que unieron sus vidas llenas de amor, alegría e ilusión se separan más tarde con odio, peleando por los bienes, como si fueran perfectamente extraños? ¿Qué puede hacerse para aminorar esta tendencia? ¿Es que es una utopía lograr un matrimonio feliz y duradero? En primer lugar, hace unos 30 ó 40 años atrás el divorcio era con- siderado como deshonra. A los cónyuges se les rechazaba socialmente y hasta perdían su empleo. Otro factor es que las mujeres e incluso los hijos aguantaban maltratos, opresiones y hasta violencia por su dependencia económica en el hombre. En tercer lugar, los cónyuges tenían mayor tolerancia, paciencia y sentido de entrega el uno con el otro para resolver sus problemas de común acuerdo. Actualmente estos tres factores ya no existen. La sociedad se ha hecho más frívola, más tolerante; la mujer goza de cierta independencia económica y los cónyuges no quieren sacrificarse para salvar su ma- trimonio. Sin embargo, un buen matrimonio no se hace sólo, sin luchar, como por accidente o por regalo del Espíritu Santo. En toda relación matrimonial los cónyuges, para tener éxito, deben practicar ciertas medidas y principios morales y religiosos: Amar al esposo o esposa con un amor maduro, no egoísta, tratándolo como uno quisiera que lo trataran y procurando su felicidad por encima de la felicidad propia; ser siempre fiel; no mentir; ser tolerante, humilde, paciente y comprensivo; atender sus necesidades; respetar su personalidad y libertad; guardar la intimidad de su vida privada; buscar ayuda o consejos con personas competentes cuando no puedan re- solver sus problemas personalmente; centrar su vida en Cristo; orar juntos y reflexionar seriamente en todo lo que se necesita para que su unión matrimonial sea feliz. Enero l993.

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