EL MATRIMONIO DE HOY ESTÁ EN CRISIS

Actualizado: 18 nov 2021

He oído decir a varios jóvenes que no desean casarse porque

los ejemplos de matrimonio que han visto están lejos de ser

edificantes. “Hemos encontrado que son muy pocas las parejas

que se miran felices”, añaden estos adolescentes como para justificar

su actitud, “y son pocos también los que mantienen una buena comu-

nicación entre el esposo y la esposa y que no se insultan por detalles

quizás insignificantes. Nosotros casi creemos que el matrimonio tiende

a desaparecer como institución legal y religiosa”.


En realidad, ¿cuántos matrimonios conocemos que son verdadera-

mente dichosos? ¿Por qué el número de divorcios aumenta año tras

año? ¿Por qué muchos hijos se han refugiado en el alcohol y en las

drogas? ¿Por qué hay personas que aceptan que han sido infieles a su

cónyuge?

Y su matrimonio, ¿cómo es? ¿Cómo está su familia actualmente?

¿Puede calificarse la suya como una familia bien centrada, llena de

amor y de principios cristianos?

El matrimonio de hoy está sufriendo graves crisis de valores y de

identidad. En estos momentos la familia peligra. Se comete crímenes

horrorosos contra niños, mujeres y ancianos; los jóvenes se pierden

con estupefacientes; los vínculos familiares se debilitan; los gobiernos

se preocupan más por la política y la iglesia no está consiguiendo guiar

a los matrimonios.

Casi podríamos decir que hay que darle la razón a los jóvenes que

no quieren casarse; sin embargo, el matrimonio ha sido instituido por

Dios y su finalidad no cambiará. Los hombres somos los únicos

culpables del estado actual de este sacramento, porque las parejas no

cumplen aquellas promesas que se juraron uno al otro frente al altar.


Las parejas han de profundizar en su relación amorosa hasta llegar a

su compromiso para toda la vida. Dios ordena que el amor y el cariño

deben reinar en las relaciones familiares entre esposos, hijos y herma-

nos. El hombre y la mujer deben amarse, respetarse y entregarse uno

al otro incondicionalmente, aunque esto implique esfuerzo, sacrificio y

negación de ellos mismos. A los padres, el Señor les pide que de-

muestren cariño a sus hijos y velen por sus necesidades; a los hijos

que amen y honren a sus padres y a los hijos adultos que cuiden de sus

padres ancianos.

Si todas las familias siguieran estas normas, qué diferente sería la

sociedad actual. Aunque muchos consideran que la felicidad familiar

es utópica, hay muchas parejas que han demostrado tener un matri-

monio feliz y una familia unida. Estas parejas mantienen firmes sus

principios morales y religiosos y además disciplinan y educan a sus

hijos conforme las leyes cristianas. Esta es la manera correcta de criar

a una familia.

La familia es la base principal de la sociedad, Es la célula más pequeña

en donde se afianzan las comunidades y es el bastión para la defensa

de la libertad y la individualidad del hombre. Cuando se han querido

socavar los cimientos de las civilizaciones antiguas, se buscó el derrumbe

y la corrupción de la familia.

El secreto de la felicidad es el amor y el matrimonio y la familia son

los mejores medios para aprenderlo y practicarlo. Cuanto más estemos

dispuestos a dar (incluso lo más difícil es dar cuando el otro no da

nada), más creceremos y seremos más felices.

No piense que su cónyuge no hace lo que usted quiere. La felicidad

suya no depende de lo que él haga o no haga, sino depende de lo que

haga usted. Amar es dar y el dar produce felicidad. Hágalo de todo

corazón y verá que su matrimonio y su familia cambiarán.

Enero, 1998.

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