EDUCAR EN LA RESPONSABILIDAD

Los niños son grandes imitadores y desde muy temprana edad desean parecerse a sus padres haciendo exactamente lo que ellos modelan. Ya a partir de los tres años se les puede encomendar tareas fáciles y lograr su cumplimiento, claro está, de acuerdo a sus posibilidades. Los resultados serán mejores según la actitud positiva y amable de los progenitores y cuidando también su ejecución bajo una orientación seguida. Según la educadora de párvulos, Vivíana Segovia, autora del libro El Potencial de los niños. Desarrollando su creatividad, hay dos valores fundamentales que están involucrados en el desarrollo de la responsabilidad: primero, ser solidarios, pensar en colaborar y ayudar a los otros; y segundo, aprender a ser empáticos, poniéndose en el lugar del otro. Explica que esto se puede ejemplificar indicando a los niños que la familia es como un reloj, donde cada uno es una pieza fundamental que tiene determinadas tareas que cumplir y sólo la responsabilidad de todos y cada uno hará que funcione perfectamente. Hay que decirles te necesito, porque eso crea lazos muy fuertes al sentirse querido, amado e integrado a su primer núcleo. Hacerles ver que su colaboración es necesaria para que se produzca una sana convivencia en un ambiente de armonía y paz. Durante la infancia y mientras el niño va creciendo se le puede ir exigiendo mayor colaboración, pero sin agobiarlo con tareas muy pesadas o de mayor responsabilidad. El principal objetivo es que el niño adquiera responsabilidad y sienta satisfacción y orgullo al hacer el trabajo asignado. Es importante recordar que la mayoría de los niños se sienten inclinados a cooperar con sus padres y sentirse como per- sonas importantes al tener un papel definido en la familia. Hay trabajos tan sencillos como recoger su ropa, ponerla en la canasta correspondiente, agrupar los juguetes o útiles escolares, traer y llevar cosas de un lado a otro, ayudar con el niño más pequeño, que aún los infantes pueden empezar a llevarlos a cabo. Esta actitud además puede consolidar el hábito, como una base sólida para trabajos futuros, incluyendo la etapa escolar, donde tendrán que desarrollar tareas de estudio, horarios y otras actividades que marcarán su vida futura. A nuestra cultura le falta crecer mucho en este aspecto, porque los papás tienden a ser sobre-protectores haciéndoles todo, creando lo que se llama niños servidos, que son incapaces de los actos más fáciles como vestirse, lavarse o bañarse por ellos solos. Esta ayuda desproporcionada no fortalece ni la responsabilidad ni ayuda en el desarrollo de un país donde lo principal es la educación de su hijos. Abril 2008.

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