CULTURA EMPRESARIAL JAPONESA

"Soy hijo de inmigrantes japoneses que en los años treinta tuvieron la gran visión de escoger México y con moldes japoneses me hicieron. De fabricantes pero ensamblado en México”. Estas son palabras de Carlos Kasuga Osaka, industrial radicado en México, durante una conferencia dirigida a un grupo de universitarios en la capital del país. El tema que me designaron el día de hoy, trabajo en equipo, es muy común en Japón. Me llena de orgullo y esperanza que existan jóvenes que traten de luchar por ser empresarios y no estudien para buscar empleo. Japón es un país del tamaño de Chihuahua y Aguascalientes juntos, pero tiene 124 millones de habitantes, tiene los 10 bancos más grandes del mundo, tiene el índice educativo y de longevidad más alto del mundo, tiene el índice de criminalidad más bajo del mundo y su producto nacional es igual a lo que producen Francia, Inglaterra y Alemania juntos. ¿A qué se debe esa gran productividad? Es una gran tradición. Analizando las diferencias entre Japón y México veo cuatro importantes: la educación, la actitud ante la naturaleza, la religión y la actitud ante la vida misma. Educación: En América Latina se da mucho la educación instructiva, de conocimientos. A nuestros padres les preocupa el cinco, el seis, el ocho, pero ¿y la educación formativa? ¿Qué valores son los inculcados en nuestras escuelas? Entre los valores que tenemos que tomar en cuenta están la honestidad, la puntualidad y la limpieza. Esta educación se relaciona con la educación necesaria en un empresario de éxito. Existen cuatro pasos para ser un empresario de excelencia. El bien ser, el bien hacer, el bien estar y el bien tener. El bien ser. Honesto, puntual y disciplinado. Por ejemplo, aquí están cerca de 600 personas.

Si el conferencista llega 10 minutos tarde estamos perdiendo 6000 minutos en esta nación. Por eso no se puede jugar con el tiempo y menos con el tiempo de las demás personas. El principio fundamental del respeto: si no es suyo debe ser de alguien. Si esta pluma se la encontró en un escritorio debe ser de alguien, entonces devuélvala. Y si todos respetáramos todas estas cosas, viviríamos mejor. Soy el fabricante de los juguetes Kay. En esta empresa no hay llaves en ningún lado. Les voy a comentar cómo conseguí a mi gente. Compraba yo el periódico que venden los muchachos en la tarde. Les daba yo 100 pesos y me tenían que regresar 99.20. Muchos no me lo regresaron, pero los que me lo regresaron son los que actualmente tienen un porvenir. Son ellos los actuales ejecutivos y directores, por eso yo tengo tanta fe en este país porque la gente con la que trabajo sabe trabajar en equipo. Agosto, 2008.

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