¿CUÁN AFORTUNADO SE CONSIDERA USTED?

Este es un cuento que leí en una revista el año pasado sobre la influencia de las riquezas económicas en la vida de las personas. El protagonista es un hombre corriente como usted o como cualquiera que sueña con ganarse los millones de la lotería nacional. “Teodoro, el hombre de nuestra anécdota, se levantó una mañana convencido de que iba a ganar el premio mayor. En cuanto salió de su casa se dirigió a la esquina a comprar los billetes. Inmediatamente se fue a la iglesia a pedirle a un santo famoso que le hiciera el milagro. Y encendió también una vela para mayor seguridad. Ese día estuvo eufórico todo el tiempo, planeando, sumando y restando los millones que iba a ganar y cómo los emplearía, cuántos miles le daría a cada miembro de su familia, a sus amigos más cercanos, a los pobres que conocía en el barrio, a las organizaciones de caridad, etcétera. Sería la oportunidad de realizar aquel largo viaje que anhelaba llevar a cabo hacía mucho tiempo, de comprar regalos caros, de cambiar su casa por una más grande y más lujosa, de comprar ropa de modistas famosos. Al fin, todos sus sueños se harían realidad. En la noche, aún contento por su próxima fortuna, tuvo un sueño rarísimo. Se le apareció el Señor mismo y entabló con Teodoro el siguiente diálogo: ¿Qué vas a hacer con el premio de la lotería cuando la ganes? Nuestro héroe empezó con una larga lista de proyectos. Él preguntó: ¿Y para ti? ¿Te vas a comprar más tiempo de vida? -No, supongo que no, contestó Teodoro. Eso no se puede comprar con dinero. -Si ya lo sé, porque tú has tenido una vida larga y yo te la he dado gratis. Pero talvez comprarías salud...

-Claro que no, repuso Teodoro, tú sabes que eso tampoco se compra con dinero. -Nada nuevo, porque tú la tienes muy buena y yo te la he dado gratis. -Pero talvez puedas comprar, fe, amor, paz. ¿No es así? Teodoro empezaba a mortificarse pero respondió: Tú sabes que nada de eso se compra con dinero. -Sí, porque tú lo tienes todo al alcance de tu mano. Fe que podrías aumentar con la oración y el amor a tu prójimo; el amor de tu esposa, hijos y familiares; paz en tu casa y en tu trabajo... Y todo esto te lo he dado yo gratis. Además, tienes dos ojos en muy buenas condiciones, con los cuales puedes contemplar las maravillas de mi creación, los colores de las flores, las sombras de una puesta de sol, las diferencias en las personas y animales, puedes leer lo que quieras. ¿Has pensado en los ciegos? También tienes dos piernas que te llevan a determinado sitio si lo deseas, dos manos para trabajar, comer, vestirte, bañarte, escribir, etcétera. Siguió hablando: Tienes dos oídos para escuchar el lenguaje de los hombres, la música, los sonidos del mar y del viento, la risa de los niños, las palabras de amor y el canto de los pájaros. ¿Y tu voz? Puedes expresarte, cantar... Todas estas cosas yo te las he dado gratis. Es como si te hubieras ganado el premio mayor sin haber gastado un centavo, ni encendido candelas. Eres muy rico por mi causa. -¿Qué otros planes piensas que podrías realizar con el dinero de la lotería?... Hay muchas necesidades en el mundo y aquí en esta ciudad más todavía. Ayudaré a las buenas obras de la iglesia, a los misioneros en el mundo, a los niños pobres, a los hospitales, a las escuelas, a los ancianos... El Señor sonrió socarronamente: ¿Y para eso necesitas millones? Tienes que pagar el impuesto sobre la renta y demás exigencias municipales. Además, ¿No recuerdas la historia que te conté de la viuda pobre, quien al dar limosna echó en la ofrenda dos moneditas de cobre, que constituían todo el haber que tenía para vivir? Y esa pobre viuda dio más que todos los ricos juntos.

Hay también una oración que te ayuda a satisfacer todas tus necesidades materiales y espirituales, que es el Padre Nuestro...”. Aquí terminó el sueño de Teodoro. Al día siguiente tuvo tiempo de pensar y meditar profundamente en el misterio de esa aparición y corrió directamente a la iglesia a apagar la candela y a retirar su petición de ganar la lotería... ¿Haría usted lo mismo? No espere a tener mucho para poder compartir con los demás... Diciembre, 2001.

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