A MEDIDA QUE CRECEMOS

Si alguien se cree sabio y bien educado, que lo demuestre por su bondad y que su conducta sea ejemplo para los demás”. Santiago 3:13 Estamos hablando sobre la madurez. Las personas maduras desa- rrollan ese conocimiento de lo que pueden y no pueden controlar. Saben que necesitan disciplina para lograr sus objetivos. Valoran sus obligaciones tanto como sus derechos. Se estiman a sí mismos y a los demás como hijos de Dios. A medida que crecemos debemos empezar bien desde el principio. Los niños ven nuestro ejemplo y así aprenden observando. Si ellos ven que tratamos a los parientes, compañeros de trabajo, subordinados y cualquier otra persona con bondad y justicia, ellos crecerán con la seguridad de que realmente valoramos la justicia y la bondad. La escuela, la iglesia, la familia, la sociedad y la cultura imparten valores. Es esencial fomentar en los niños ciertos comportamientos y alejarlos de otros, y también dar ejemplos con el buen comportamiento de los adultos. Suele suceder que cuando los padres guían a sus hijos, deben tomar decisiones que no son bien recibidas. Pero no importa. Pueden men- cionar estos conceptos: “te quiero tanto como para ignorar lo que otros padres hagan o digan... te quiero tanto como para dejar que te caigas, te lastimes y fracases... te quiero tanto como para decir No, aunque tú me detestes por eso”. La mayoría de la gente valora la bondad, la valentía, la responsabilidad, el perdón, el respeto y el amor. Y quiere vivir y compartir estos con- ceptos con los demás. Hay muchos que quieren ser voluntarios porque es una forma de retribuir a la sociedad y a Dios por lo recibido en la vida. 18

A veces no maduramos a medida que crecemos. No todo está per- dido. El espíritu humano es fascinante. El ser humano puede cambiar su vida para mejorar, aun cuando los demás piensen que es un caso perdido y nunca va a madurar. Los errores, la lucha y los fracasos no tienen por qué ser obstáculos insalvables. Al contrario, pueden conducir a una sabiduría aún mayor, a la madurez. Y se necesita verdadera madurez para aceptar que la perfección no existe. Si nosotros nos abrimos, el crecimiento hacia la verdadera madurez se abre a nosotros. En el libro “Criando un niño Moral” se enumera los rasgos de la persona madura: (a) Lucha por vivir bajo un código moral. (b) Reco- noce su obligación con la sociedad. (c) Se preocupa por conocerse y aceptarse a sí misma. (d) Desarrolla una capacidad para establecer objetivos, para no ansiar recompensas rápidas y para aceptar la rea- lidad. (e) Tiene autodisciplina y sentido del humor. (f) Puede amar y respetar a los demás, tanto como a sí misma. (g) Aprecia las diferencias entre las personas. Noviembre, 2004.


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