¿CÓMO PERDEMOS EL TIEMPO?

Cómo y cuándo perdemos el tiempo? Lo perdemos al entretenernos en cosas tontas, triviales, de valor equívoco, al odiar, al criticar, al no cumplir en el trabajo, al robar, al mentir, al divagar en quimeras, al enamorarnos de la cobija, al no luchar, al conformarnos con lo mediocre, al no servir, al vegetar, al envidiar, al ser egoístas, al ser impuntuales, al sentarnos a esperar la muerte. Todos deberíamos ser avaros, muy tacaños con el tiempo; deberíamos contar las horas como contamos el dinero y los artículos de valor; cada minuto debería ser estirado y atesorado pues en verdad en ello se nos va la vida. Tenemos poco tiempo y hemos de aprovecharlo: hay que leer, amar, sonreír, sentirnos vivos, luchar, crear, trabajar, producir alegría, servir, agradecer a Dios y admirar las cosas bellas. Hay mucho por hacer, por eso resulta incomprensible que haya personas que pierden el tiempo. En este año que comienza, es oportuno reflexionar detenidamente en la calidad de vida que pudimos lograr el año pasado, en los errores que cometimos y en las metas que alcanzamos o no; reflexionar sobre qué áreas referidas al carácter, la conducta, las relaciones sociales, la religiosidad, etcétera, necesitamos mejorar este año. Es propicio este tiempo, también, para dar gracias a Dios por el año transcurrido, por las alegrías, la salud, la paz, los amigos, el trabajo, las maravillas del universo, los adelantos benéficos de la ciencia y, aunque nos cueste mucho, dar gracias asimismo por el dolor, la enfermedad y las dificultades encontradas en el camino, (por la situación política) pues todo eso nos hizo crecer como personas. Hay algo, además, que deberíamos tomar más seriamente: los millones de horas perdidas por la gente en el mundo entero. Se dice que cada ser humano se pasa la tercera parte de su vida durmiendo y un tiempo igual durmiendo despierto. Por eso creemos que la vida es corta.

Si comparamos las canastas de pecados de la humanidad con las canastas de sus horas malgastadas, es seguro que estas últimas serían mucho más numerosas. Porque, junto con la violencia, el mayor defecto del hombre es desperdiciar el tiempo. Si a cada persona del mundo le pidiéramos un cuarto de hora de trabajo extra, tendríamos más de 300 años para terminar cualquier obra que hubiéramos comenzado. Hay una gran verdad: la mayoría de los proyectos no se llevan a cabo no por falta de recursos sino por falta de decisión. ¡Cuántos cuartos de hora perdemos los humanos en tonterías! Muchas gracias, Señor, por darme un nuevo año, una nueva oportunidad para escribir en él según Tu voluntad... Enero, 2010.

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